Blog de JUAN MANUEL PEREZ TORRES. Cuentos, relatos y microrrelatos. Por original, por raro, por absurdo o por genial... no os dejaré indiferentes. Eso pretendo.
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03 diciembre 2022
LA PEANA (Microrrelato)
22 agosto 2022
RECADOS VENIALES
Es mi primer libro de microrrelatos, una colección de sesenta historias sorprendentes.
En Recados veniales se combinan dos buenos licores que dan lugar a un cóctel gustoso de paladear. Por un lado, microrrelatos que cuentan historias: relato negro, de suspense, de terror psicológico, de amor, de ciencia-ficción. Y por otro, pequeñas joyas líricas que son pura poesía de sentimientos y emociones. No hay respiro ni descanso en Recados veniales. Una serie de textos cortos, como rayos en la tormenta, dan paso a otros algo más largos que siempre nos dejan con ganas de más y parecen ser el germen de un cuento más extenso que tiene todavía mucho que decir. Juan Manuel posee el difícil arte de desconcertar, sorprender, emocionar, sobrecoger o inquietar, con una naturalidad desprovista de adornos ni florituras. La vida misma se asoma a sus historias y él nos lo va contando desde la barandilla de su balcón.
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Regalar un libro es una buena costumbre que, además, no sale nada cara.
22 junio 2022
REFERENTE (Microrrelato)
Él siempre piensa en mí. Lo noto, lo siento. O lo presiento. Es como si me mirara desde la invisibilidad de su mundo, aun siendo su mundo también el mío. No se esconde, me piensa de continuo, hace crítica de mis conductas y, con el conocimiento adquirido, logra justificar mis errores o encuentra perdones para mis ofensas a la ética. Parece asentar su existencia en las bases que yo mismo me construyo sin pensar siquiera en él. Se acomoda, se amolda en paz. En una simbiosis unidireccional, el anciano que seré me espera tranquilo. Y no sé si también me apremia.
02 junio 2022
TIEMPO MUERTO (Microrrelato)
Mientras sí, mientras no, su cabeza seguía trabajando. Había estado contabilizando los minutos trabajados por sus empleados para calcular las horas de productividad, cuando su reloj de fichar le dio fallo. Y allí estaba ahora, esperando pacientemente que alguien lo arreglara.
Me lo contó días después, ya consciente y sin sedación, mientras, gota a gota, recuperaba el ritmo normal de su corazón tras la sacudida. Me dijo haber tenido entonces la visión en capítulos de su pespunteada vida, en tanto que su corazón (tic tac) latía a golpes de mi desfibrilador.
CONDENAS (Microrrelato)
En la celda, de tres por tres, al menos, tenía una cama pegada a una de las paredes, y, al lateral, por el lado de los pies, un minúsculo lavabo, aunque sin espejo, y, algo más allá, la letrina. Frente a la cama, una mesa hecha de obra sostenía, en una esquina, un vaso de plástico con el cepillo de dientes y otros artículos para la higiene. Precaria, sí, pero tenía higiene.
Lloraba arrepentido porque, ahora, era capaz de asumir las acciones pasadas sin eludir las consecuencias de su culpabilidad. Se dio cuenta de que había vivido solo para trabajar, para producir, competir, doblar turnos, comer un bocadillo y seguir, seguir, seguir. Seguir para qué, joder... ahora lo borraría todo. Pero ya era tarde, por eso lloraba, porque ya era tarde y porque lo había hecho una y otra y otra vez. Y lloraba de una forma sincera desde el momento que comprendió y reconoció la crueldad de lo que hacía con Trueno, su mejor amigo... dejarlo encerrado cada día... tantas horas... en aquel balcón... a pienso y agua... a la intemperie...
17 mayo 2022
EL PUNTO DE MIRA (Microrrelato)
EL PUNTO DE MIRA
Lo recuerdo jugando conmigo. Desde lejos me apuntaba con su dedo y decía: ¡muere, villano! y terminaba disparando ¡pum, pum!. Luego siempre soltaba alguna lindeza, como: "los hijos de bellas princesas solo mueren de mentirilla" y cosas así.
Cuando mi madre me llevaba al cole siempre estaba para piropearla y "matarme". Yo hacía el gesto de morirme dando un gritito de queja, pero mamá continuaba en silencio sin pestañear. Así todo cuarto de primaria. Hasta que me vio hablarle a mamá en lenguaje de signos y comprendió lo improductivo de su estrategia.
Tras el verano, en la calle, no se oyó un disparo. Se olvidó de mí. No se lo perdono.
Microrrelato ganador del 17º Concurso de Microrrelatos de Radio
TV Lavapiés.
25 abril 2022
IMPRONTAS (Microrrelato)
Parecía que el padre jamás saliera del sótano. Allí tenía montado su taller, muy ordenado todo, cada herramienta en su lugar, algunas en la pared, colgadas de alcayatas: alicates, martillo, sierra, hacha; otras bien dispuestas sobre la mesa de trabajo: destornilladores, limas, cúter; todo nuevo y colocadito en la misma posición. Nadie comprende cómo generaba tanto ruido.
La madre estaba siempre trajinando en la cocina. Hija de carnicero, manejaba los cuchillos de la tacoma con maestría y dedicación inusitadas. Decapitaba pollos y destripaba conejos para trincharlos y cocinarlos en sabrosas salsas. Los aromas asombraban por ser tan espesos y duraderos.El hijo, como aún no tenía edad de escuela, pasaba los días buscando diversión por la casa. En las noches jugaba a ser mayor practicando aparecer y desaparecer en la oscuridad del dormitorio rosa. Era cuando Teresita castañeteaba los dientes bajo estas sábanas de corazoncitos estampados que nunca la protegieron.






