LÉEME EN TU IDIOMA

05 febrero 2021

MUDANZAS (Microrrelato)

 

MUDANZAS

Tras una dificultosa mudanza, una vez colocados los muebles, los estantes y las librerías en la habitación que había elegido, me dispuse a abrir las cajas de los libros para ir colocándolos donde debían estar. Para mí es importante el orden en mi biblioteca, primordial diría yo, porque cuando escribo, necesito hacer consultas para documentar mis textos. Llegado aquel momento de mi vida, había decidido dejar mi trabajo y dedicarme a escribir. Por eso había vendido el piso del centro y he comprado esta casa en este pueblecito casi desconocido.

Fue muy extraño abrir la primera caja y ver aquello. Al principio no supe qué era, qué estaba pasando, y aún ahora después de comprobarlo tantas veces, me cuesta creerlo. Pero tengo que contarlo. Al sacar un libro de la primera caja noté algo caer en el hueco que dejaba. Me parecía imposible que fuera polvo pues yo mismo fui quien los empaquetó y sabía el cuidado que había puesto en ello (mimaba los libros, no me importa decirlo), así que pensé que algo pequeño guardado entre sus páginas se habría deslizado y caído. Saqué entonces algunos libros más para que el hueco adquiriese un tamaño apropiado para mi mano y buscarlo, pero observé que caían más objetos. Bueno, ahora sé que no eran objetos y mientras más libros sacaba, más se acumulaban en el fondo de la caja. No podía entenderlo, eran letras, palabras, había muchos adjetivos, a veces sintagmas completos, determinantes, preposiciones, oraciones subordinadas, incluso párrafos. Se iban desprendiendo de sus libros y mezclando entre sí en el fondo de cada caja. Aparentemente, los libros estaban bien, completos quiero decir, no les faltaban páginas, no, no eran páginas arrancadas, ya digo que eran letras y palabras sueltas.

Una vez hube colocado todos los libros en sus estantes y después de tomarme un respiro, recogí aquel fondo de letras y palabras de las cajas, era un batiburrillo de ideas yuxtapuestas, conceptos clásicos codeándose con ideogramas modernistas, silogismos junto a haikus, sonetos y pies de página, surrealismo y ensayo, literatura abstracta, y, en fin, a falta de un sitio mejor, las puse en el cajón de mi escritorio para tenerlas a mano, donde aún las conservo.

Curiosamente, aquí siguen y cada día juego con ellas. De los libros ya ni me acuerdo. He comprendido que lo mejor de ellos no está impreso en sus páginas ni estático en los estantes.


 

09 enero 2021

BREVERDADES

 BREVERDADES


1.- Te quiero, estoy loco por tí. Eso es indudable.

2.- Me quieres, estás loca por mí. Eso es indudable.

3.- Te quiero loca por mí y me quieres loco por tí. No lo dudes.

4.- Y te quiero así de loca porque las cuerdas, atan.

5.- A mí no me cabe la menor duda, de eso estoy seguro.



25 diciembre 2020

FELICES FIESTAS

 Mis mejores deseos para estas navidades y para este próximo año que, estoy seguro, será mejor que el que estamos cerrando. Y muchísimas gracias a mis lectores por sus visitas y sus comentarios.



17 diciembre 2020

LA LLAMA

 LA LLAMA

El fuego era apenas un rescoldo, pero allí seguía. Hurgando en los tizones con la varita parecía que buscara dónde estaba escondido el pequeño cañón del que se escapaban aquellas chispitas bermejas y revoltosas que chisporroteaban. Y que luego seguía con la vista, aquí y allá, como si resolviese uno de aquellos pasatiempos infantiles que trazas una línea siguiendo los puntos numerados y se revela el dibujo. Por un momento cesaron los fuegos de artificio porque se acercó a la cara la punta incandescente de la vara para encender un pitillo y causó un remanso en las ascuas. Lo prendió con la lumbre y pausadamente miró el humo de sus caladas diluirse y confundirse con las primeras luces del alba. Mientras entre sus dedos se enredaban las azules volutas que generaba la colilla, con la otra mano jugó con la batuta encendida a dirigir el relajante concierto de los chasquidos de la leña, el crepitar de las brasas y los silenciosos estertores de la luna.

Sentado frente a la hoguera, y con su relumbre, durante la noche pudo ver paulatinamente, sin embargo, el verde verdadero de los árboles.


13 diciembre 2020

CARRERA DE RELEVOS

CARRERA DE RELEVOS 
Cuando ya recuperado regresó a casa, todo le pareció muy raro. Obvio que durante el tiempo que faltó, ella se dedicó a hacer cambios (no lo digo como un reproche, que me parece muy lógico, es natural que se deshaga de los recuerdos y utensilios que él mismo olvidó, y que done a madre coraje la ropa que aún esté en condiciones de usarse, o que desaloje los cajones de papeles, las fotos, su reloj, las llaves, el móvil, que venda el coche), todo fuera para promover ambientes distintos y facilitarle nuevos afectos. Ahora debía construirse una vida diferente, con sus padres desaparecidos ya (qué pena haberse perdido estos últimos años, que casi ni podía recordarlos), también eso le parecía raro (aquel dormitorio es hoy un pequeño taller, con maderos y piedras de varios tamaños, ella quiere que siga tallando y esculpiendo porque en el centro lo hacía muy bien). Y con su novia también muerta (se puso la primera, delante de él en la cola, y ocupó la última plaza libre al cielo aquella tarde), de aquel alucinado amor conserva apenas la cuchara que los había unido... Ahora somos huérfanos y tú eres mi hermano mayor -le dijo-, tienes que estar aquí para cuidarme. Lo haremos mutuamente -contestó-, valoro muchísimo lo que estás haciendo, yo ya he cambiado, de verdad, por dentro y por fuera, me ha costado, pero por fin estoy limpio y dispuesto para buscar la felicidad, lo haremos juntos. Pero las personas no decidimos las horas y el tiempo también quiso cambiarse de reloj. Aquel corazón tan grande que no cabía en este mundo se lo llevó un camión de reparto que buscaba su destino. Lo que ahora siente que le brota, que le habita, que le inunda (dice que es demasiado valioso para su cuerpo incapaz, para sus manos que piden relevo, para esos ojos nuevos que todo lo ven tan raro), es como una rabia serena, un furor sin resentimiento, quizá una paz inquieta y un sueño o un camino. Como cuatro corazones latiendo en el suyo. Todo muy raro.

18 noviembre 2020

CRITERIOS DE EVALUACIÓN

 

CRITERIOS DE EVALUACIÓN



Siempre me la encuentro por los pasillos, pero solo en los rápidos cambios de clase. Ella enseña matemáticas, yo literatura. No compartimos departamento ni sala de profesores. Nos separa un largo pasillo. Tampoco podemos charlar siquiera durante las horas libres de nuestros horarios ni los ratos de descanso. Como su alumnado es de bachillerato y el mío de ESO, no tengo la oportunidad de preguntar a mis alumnos por ella, aparte de lo puramente lectivo, en conversaciones informales, como lo hago por otros profesores. Puede que a ella sí le hablen de mí los suyos, porque fueron míos los cursos anteriores y me conocen bien, ¿qué le contarán? ¿que soy un pesado con la poesía? ¿un romántico trasnochado? ¿un orfebre con las palabras? ¿un iluso?

Por todo eso, he decidido actuar. Quiero entablar amistad con ella antes de que termine el curso, conocerla y que me conozca por mí mismo, intentar crear lazos afectivos duraderos. He buscado posibles puntos en común, cosas que nos acerquen, que nos importen. Y le escribí un poema usando las palabras polisémicas elipsis, hipérbole y parábola, promoviendo un doble sentido matemático y literario. Lo firmé con mi nombre y mi número unidos por el signo igual (=). Ahora me parece una cursilería, pero funcionó. Hoy por fin he recibido contestación, aunque no la entiendo muy bien, la verdad. Se ve que mi nota le resultó muy literaria, porque ha escrito la suya de forma muy críptica, yo soy un negado para las matemáticas. Me dice que si yo soy XY y deseo XX, ella que es XX también desea XX. En fin, a mí me parece que está diciendo que quiere lo mismo que yo. Mañana lo intentaré.


 

 

 

 

 

11 noviembre 2020

ALQUIMIA (Microrrelato)

 ALQUIMIA

A partir del día que cumplió la edad que llaman dorada, comencé a ver el brillo que emanaba su presencia. El médico ya le había diagnosticado una rara enfermedad degenerativa que le iría causando cambios paulatinos en sus reflejos. Eso nos dijo, aunque entonces no comprendí. Desde aquel día notaba palidecer su piel, como si perdiera el color o se igualaran las luces. Después observé cómo su tez cambiaba el brillo cuando no le encontraba aquellos tonos sonrosados de antes. Al poco, se fueron tornando también los azulados en las sombras de sus ojos, el verdoso de las venas en sus manos, en su melena el bronce. Así, el roce del tiempo, mansamente, fue bruñendo su cuerpo de oro. Hasta que ayer renació en lubricán dorado para el enriquecido cielo del alquimista.