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20 diciembre 2025

(DES)CUENTO DE NAVIDAD (Microrrelato)

 (DES)CUENTO DE NAVIDAD 

(Los desmanes y los manes)


No pusieron tantas lucecitas ni tantos adornos en el árbol como el año anterior, prácticamente con la mitad de espumillón, repartido por los muebles, adornaron la casa. Y en el salón colocaron un portal de Belén muy sencillo que aún a fecha de hoy sigue sin el niño en el pesebre (todos los años él lo colocaba en su sitio a las doce de la noche del 24 al 25). Esa costumbre la conservaban, otras las fueron adaptando a los años que cumplían y a la menguada economía de los jubilados. La mesa, tan adornada otros años, dejaba bastante que desear: Mantel de papel, platos de cartón, y velas rojas de parafina. Una navidad muy de rebajas.

Tres días después, todo seguía igual, tal como lo dejaron esperando el regreso de urgencias... Del corazón le descontaron una parte muy grande con la pérdida. Su presencia la añoraba demasiado. Entonces, estando solo en su cielo, se abrieron las nubes y los dioses manes lo visitaron. Rompieron todos los vales descuento navideños acumulados en la casa, dejaron libre de ofertas aquella noche y le trajeron su aura ausente, la sentaron a la mesa el tiempo necesario para un beso. Mientras, su espíritu fue a ocupar el vacío que antes le había desangelado el alma.

Varios días después una bengala pirotécnica lanzada desde la carroza del rey Baltasar erró su ruta y se quedó prendida en el balconcito del salón de forma que iluminó su cuerpo inerte junto al cristal. Asi el juez pudo llegar para levantar el cadáver.

Al poco, una pareja migrada del otro lado del mar se instaló allí con su bebé en busca de mejor vida.



19 diciembre 2025

LA VERDAD EN LOS OJOS (Microrrelato)

 LA VERDAD EN LOS OJOS

Combatía la lluviosa tarde y el tedio de la soledad repasando los recuerdos desordenados de un cajón y se detuvo en una foto en blanco y negro. Él la miraba, ella le sonreía. No recordaba aquel momento, pero el contraste no dejaba lugar a los matices, la duda y el amor, como la herida y la cura, eran los extremos del contorno de sus vidas. El negro de lo vivido junto al blanco del tiempo olvidado eran como la verdad y la mentira, como el sí y el no. Y, sin embargo, entre ambos, se borraba todo el gris del mundo, donde habitaba la ambigua vida, real e incierta. Después de un rato cesó la lluvia y un claro celaje dejó ver el arco iris.

Siempre pensó que aquella era la fotografía de un amor o de una costumbre. Hoy, al encontrarla en el cajón, supo la verdad: el color estaba a buen recaudo en sus pupilas.